martes, 13 de agosto de 2013

PRAGA III

Jueves 4 de julio, amanece un nuevo día en la ciudad de la luz, al menos ese es el sobrenombre que le pusimos nosotras el primer día que llegamos. Hoy vamos a subir al Castillo y pasaremos todo el día viendo todo lo que hay que ver dentro del recinto. El Castillo de Praga (Prazsky Hrad)  necesita un día entero para verlo bien. La historia de Praga se remonta a la construcción del Castillo en el siglo IX. Está situado en una colina de cara a la ciudad con las vistas más impresionantes de la misma. La mezcla de palacios, iglesias, museos, jardines y galerías ayuda a entender bien los orígenes de Praga.
Ante tanta oferta cultural hicimos una selección desde el principio para sacar el mayor partido posible. Queríamos ver la Catedral de San Vito, el Callejón Dorado, El Antiguo Palacio Real, la Basílica de San Jorge y el Palacio Lobkowicz.
Volvimos a coger el tranvía 22 que ahora ya teníamos controlado, y empezamos la visita en la Catedral. La entradas para el recinto se venden en el Tercer Patio, en el Centro de Información del Castillo. La nuestra nos permitía ver todo lo que habíamos seleccionado. Por supuesto hay otros  tipos de entradas, por si alguien quiere abarcar más, pero a nosotras con esta nos bastaba.
La Catedral San Vito se comenzó a construir en 1344. Su posición privilegiada en lo alto de la colina sobre el Moldava y el resto de la cuidad la convierten en uno de los monumentos más significativos de Praga. La Capilla de San Wenceslao que está decorada con 1300 piedras semipreciosas y frescos de la pasión de Cristo o el impresionante órgano son dos buenas razones para visitar la catedral, aunque como todas las catedrales góticas tiene mucho más que ver. Nos llamó mucho la atención el hecho de que tanto la Catedral como el Puente de Carlos IV, que son dos de los reclamos turísticos por excelencia, estén totalmente negros, sobre todo teniendo en cuenta que todas y cada una de las fachadas así como todas las calles están absolutamente impolutas.
No obstante el pórtico principal de la Catedral o su Puerta Dorada, a pesar de que necesiten rehabilitarse urgentemente, siguen siendo preciosos. Después de dar varias vueltas por todo el recinto nos percatamos de que es el lugar elegido por los recién casados praguenses para hacerse las consabidas fotos.
Así mismo, tuvimos tiempo de ver el cambio de guardia, que nos pareció un pelín patético y después nos dirigimos a nuestro siguiente objetivo que era el que más ilusión nos hacía: el Callejón Dorado. 
Esto tengo que decir que superó todas nuestras expectativas y no nos defraudó en absoluto. Yo diría que es casi lo que más nos gustó, quitando el Puente y el Reloj, claro.
Volviendo al Callejón, se trata como su nombre indica de un callejoncito que bordea el muro interior del castillo y cuyas diminutas casitas son de lo más pintoresco, parecen sacadas de un cuento de Andersen.  En su día fueron el hogar de los orfebres y alquimistas de Rodolfo II (de ahí el nombre). Franz Kafka vivió  un tiempo en el número 22.
Como podéis imaginar estaba a reventar de turistas, lo cual complica bastante la cuestión de sacarle fotos. Pero nos daba igual, estábamos alucinadas con todas las casitas y el callejón en sí. De ahí bajamos a uno de los jardines para disfrutar de las vistas y decidir dónde podíamos comer. Entonces apareció Pedro y diréis: y quién es Pedro. Pues debe ser uno de los checos más majos que te puedes encontrar. Con muchísimo arte nos convenció (en un español de lo más apañado y con toda la gracia) para que comiéramos en el Palacio Lobkowicz.
Nos contó el menú, descuento incluido por ser nos quien éramos, nos lo adaptó a lo que queríamos probar y se lo dijo a los camareros, nos consiguió una mesa con las mejores vistas, (vamos, teníamos toda Praga a nuestros pies) y estuvo con nosotras hasta que nos dejó  bien instaladas. Pero todo esto ¡con un arte!  que daba gusto. Desde luego la comisión se la curra.
El Palacio Lobkowicz que también pertenece al recinto del castillo, alberga una galería de arte que rivaliza con la Galería Nacional y que no está nada mal para ser privada. Sin embargo nosotras no entramos a la galería, hay que pagarlo a parte. Tuvimos suficiente con probar el famoso goulash disfrutando de las vistas.
Aún nos quedaba por ver la Basílica de San Jorge y el Antiguo Palacio Real. De modo que cuando acabamos de comer nos lo tomamos con calma y vimos las dos cosas. La basílica es románica y por tanto es pequeñita, se ve en seguida. Cuando entramos nos enteramos de que esa tarde habría allí mismo un concierto con un quinteto de cuerda y una soprano y como es lógico sacamos entradas.  Ir a Praga y no ir a un concierto de música clásica es imperdonable, sobre todo si una de las viajeras es profe de música, jeje.
Pero antes del concierto teníamos que visitar el Antiguo Palacio Real que está justo enfrente de la Puerta Dorada de la catedral.  Otra obra maestra del gótico tardío famosa entre otras cosas por haber sido testigo de las defenestraciones de los gobernadores católicos a manos de los protestantes.
El programa del concierto que íbamos a oír en la Basílica era algo así como The Greatest Hits de la música clásica. Vamos, los imprescindibles, desde Smetana y Dvorák por supuesto, hasta Brahms pasando por Bizet, Händel, Pachelbel, Albinoni o los inevitables Mozart y Vivaldi. Todo muy conocido, al menos para Mª Luisa que como es lógico está bastante más puesta que yo. A mí me sonó genial pero ella como buena experta dijo que sonaban muy bien técnicamente, pero sin alma. No emocionaban para nada. Muy correctos, pero demasiado fríos. La soprano, según ella, tenía una voz muy fea. Ni que decir tiene que esto tampoco lo noté. Pero el hecho de oír todo eso en el interior de la basílica y con esa acústica tan espectacular mereció la pena. Al terminar el concierto el interior del castillo estaba de lo más despejado. Todos los palacios, museos, galerías y la catedral cierran a las 5:45, aunque el recinto permanece abierto más tiempo. Como nos pillaba de paso se nos ocurrió acercarnos al Callejón Dorado antes de salir por si acaso estuviera abierto y pudiéramos verlo sin el mogollón turístico de la mañana y ¡BINGO! No había nadie y se podía pasar porque ya estaba totalmente desierto. No nos lo podíamos creer, de hecho pegamos una par de gritos de emoción y atrajimos la atención de otros turistas que también salían de la Basílica de haber oído el concierto. Pero nos dio tiempo a hacernos todas las fotos que no pudimos por la mañana, o al menos las mismas pero sin japoneses, jeje.
No creímos que la noche se pudiera mejorar puesto que habíamos visto y hecho todo lo que nos habíamos propuesto y más. Bajamos por la cuesta que lleva a Malostranská donde habíamos cogido el tranvía y además de disfrutar de las vistas empezamos a pensar dónde podíamos cenar y si nos merecía la pena intentar dar un paseo en barco por el Moldava como despedida. Solo había una cosa que no habíamos podido hacer por falta de tiempo y era ir a un club de jazz a oír música en directo. De momento estábamos más o menos servidas porque acabábamos de escuchar el concierto de la Basílica y después de todo no se puede tener todo, ¿no?
Seguimos dándole vueltas a lo del paseo en barco y nos acercamos a preguntar precios y horarios. Y aunque parezca increíble volvimos a cantar BINGO. Hay un barco que te lleva durante dos horas por el Moldava y además tiene jazz en directo a bordo y por si eso no fuera bastante también es restaurante. Tres por uno, como en Carrefour, jajaja. Un jazzboat donde te llevan por el río mientras cenas oyendo jazz y blues en directo, qué queréis que os diga, como broche de oro no tiene parangón.  Si a eso le sumamos que los tres músicos (batería, contrabajo y guitarra eléctrica) eran buenísimos pues ya, nirvana. Pues aún hay más. 
Nosotras estábamos cenando en la cubierta de arriba porque abajo, donde los músicos, estaba todo pillado. Cuando terminamos de cenar bajamos para verlos de cerca, porque los tíos eran geniales. Cuando quedaba como media hora de actuación va un tío del público que estaba cenando tranquilamente con su pareja y le pregunta a los músicos si se les puede unir. Así que ni corto ni perezoso saca una flauta travesera y se pone a tocar con ellos en plan jam session. Bueno, aquello fue ya el acabose. Por poco no nos da algo. Entre las vistas desde el río (viendo el atardecer y como iban cambiando de color el Puente y el resto de edificios), la música en directo y la cena, el éxtasis era teresiano.
Y en este estado de levitación despedimos la última noche en la ciudad de la luz.

Suzy  

 

 

 

 

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

 

PRAGA II

El segundo día queríamos visitar el Barrio Judío, ir al Monasterio Strahov que está en la Colina Petrín y por la noche ir al Teatro Negro. Vamos, que teníamos la agenda a tope.
Empezamos a callejear para llegar al Barrio Judío sin una ruta muy definida y una vez más nos fuimos encontrando con maravillas arquitectónicas al doblar cada esquina. Un buen ejemplo es la Casa Municipal, probablemente el más destacado de los edificios Art Nouveau de Praga, donde se ve la huella del pintor y artista decorativo Alfons Mucha. Hoy es la sede de la Orquesta Sinfónica de Praga. Merece la pena entrar y echar un vistazo aunque  solo sea por encima.
Inmediatamente al lado de la Casa Municipal, se encuentra la Torre de la Pólvora que es del siglo XV, de estilo gótico tardío y que constituía una de las entradas al este de la ciudad. A partir del siglo XVII se utilizó para almacenar pólvora, y es otro de los monumentos que está pidiendo a gritos que lo rehabiliten.
Josefov (Ciudad de José) es el nombre que recibe el Barrio Judío en honor al emperador José II que mostró una mayor tolerancia con la comunidad judía. A pesar de esto, los siglos de discriminación están patentes en todo el barrio que nunca llegó a sanearse del todo. De hecho a finales del siglo XIX la zona se consideró un riesgo para la salud y se demolió casi por completo. Solo se salvaron el Ayuntamiento judío, seis sinagogas y el antiguo cementerio. Durante la ocupación nazi llegaron a aniquilar al 90% de la población y pretendieron abrir aquí un “museo de la raza judía extinta”, afortunadamente tras la liberación se convirtió en la mayor colección de objetos judíos sagrados de Europa.
Para visitar el cementerio que es lo que realmente merece la pena hay que pagar y la entrada incluye además la visita a las seis sinagogas. La única sinagoga que merece la pena ver es la llamada Sinagoga  Española situada junto a la Estatua de Frank Kafka. En realidad se construyó en 1868 y el nombre le viene por el estucado de estilo morisco de su interior.
El antiguo cementerio es sin duda lo más impresionante de todo el conjunto. La sensación de hacinamiento y claustrofobia que tantas veces hemos visto en los documentales o películas sobre el Holocausto aquí se hace realidad dejándote sin palabras. Ver todas esas tumbas amontonadas unas encima de otras en ese espacio tan reducido y pensar que ese era el único sitio en que se les permitía enterrar a sus muertos es escalofriante. Es imposible no emocionarse, se me hizo un nudo en la garganta y aquí sí que se me saltaron las lágrimas. Vale que una es un poco sensible, pero me consta que ese es el efecto que le causa a casi todo el mundo.  
Después de tantas emociones y viendo que se nos había hecho la hora de comer consultamos nuestras guías (y cuando hablo de guías me refiero a los libros sobre Praga) para ver si nos recomendaban algún sitio por la zona y la verdad es que el barrio tiene donde elegir. Justo enfrente de la Sinagoga Española hay un restaurante llamado Nostress que además es una galería fotográfica. Los menús del mediodía son muy asequibles y también se recomiendan los bocadillos y la famosa cerveza checa. Esa última fue nuestra elección y la verdad es que nos supo a gloria.
Una vez saciadas de cuerpo y espíritu planeamos nuestro próximo objetivo: El Monasterio Strahov.
Como ya he dicho se encuentra en la Colina Petryn que pertenece a Malá Strana, el Barrio pequeño. Según nuestra guía la manera más directa de llegar era cogiendo el tranvía 22, que por si no lo he mencionado aún es uno de los mejores medios para moverse por Praga. Pero aquí surgía la primera dificultad, no teníamos ni la más remota idea de dónde cogerlo ni de dónde sacar los billetes. Llegados a este punto nos salvó una vez más la amabilidad de los checos. Un señor muy simpático que nos oyó hablar del tema y nos vio más despistadas que dos cabras en un garaje, empezó a darnos todo tipo de indicaciones sobre lo qué teníamos que hacer, dónde, cómo y cuándo. En inglés por supuesto. Y gracias a él nuestra pequeña odisea resultó un poco más llevadera. De modo que bastante más cansadas de lo que hubiéramos deseado logramos llegar al monasterio que es otra preciosidad que data del siglo XII  y cuyas vistas de la ciudad son espectaculares. Pero lo más interesante del monasterio es su biblioteca, que es una de las más bellas y completas del país.
Cuando concluimos la visita al monasterio decidimos volver al hotel (otra vez cogiendo el tranvía 22) para descansar hasta la hora del teatro.
Tras el merecido descanso salimos a cenar algo antes de ver el espectáculo. El día anterior habíamos preguntado el precio de las entradas y el horario de las representaciones así que esta vez sí que lo teníamos todo organizado.
El Teatro Negro, que se creó para la Exposición universal de 1958, es el género en que los actores, vestidos de negro para parecer invisibles, mueven objetos y actúan en un escenario oscuro acompañados de un estudiado juego de luces de color. Para ello se requiere que tengan habilidades acrobáticas. Es ideal para disfrutarlo con niños. El mejor espectáculo es el que se representa en Divadlo Ta Fantastika que está en una de las callecitas que llevan al Puente de Carlos IV (de hecho se llama Karlova)  y nosotras vimos la función llamada “Visiones de Alicia”. Como curiosidad tengo que añadir que en el horario que elegimos el 85% del público era español y además toda la información y publicidad que había tanto a la entrada como en el interior del teatro estaba en checo, inglés y español.
El espectáculo es muy original y bastante entretenido. Lo recomiendo fervientemente.
Aprovechando que estábamos justo al lado del Puente no quisimos dejar escapar la ocasión de verlo de noche. Tanto el puente como el resto de la ciudad se ven de manera muy diferente de noche. Pasa en todas las ciudades, la fisonomía cambia totalmente al caer la noche, viéndose una ciudad completamente distinta.
Con un agradable paseo nocturno de vuelta al hotel dimos por concluida otra maravillosa jornada en la que disfrutamos cada segundo. :)

Suzy


martes, 6 de agosto de 2013

PRAGA

Después de tres años sin viajar, desde 2010 que visité Lisboa, el pasado 2 de julio aterricé en Praga. En esta ocasión he cambiado a mi fiel compañero y marido por mi antigua compañera de colegio y ahora de trabajo, Mª Luisa.
¡Qué vueltas que da la vida! Quién me iba a decir a mí que me iría de viaje con alguien con quien compartí aula en EGB y a quien no había vuelto a ver desde que hicimos 8º. Pero por obra y gracia del destino  nuestros caminos se han vuelto a juntar y el grado de afinidad ha sido altísimo. Tanto es así que no dudamos en embarcarnos en este viaje con el riesgo que supone viajar con alguien que no sea de tu familia. Porque ya se sabe que a la hora de viajar cada uno somos de nuestro padre y nuestra madre y todo el mundo no se amolda igual a según qué circunstancias.
Pero las dos teníamos el presentimiento de que íbamos a ir del mismo palo y así ha sido. J
El destino elegido además ha contribuido bastante al éxito del viaje. Y es que Praga es preciosa. Es una ciudad de cuento, una ciudad donde se respira cultura por todas partes, una ciudad donde la música tiene un protagonismo omnipresente y una ciudad amable con los turistas (y mira qué hay turistas), yo aún diría más, muy amable.
El centro histórico se divide en cinco zonas, de hecho Praga solía conocerse como las “cinco ciudades”. Nové Mésto (Ciudad Nueva), Staré Mésto (Ciudad Vieja), Josefov (Barrio Judío) Malá Strana (Barrio Pequeño) y  Hradcány, el Castillo de Praga. Si hay algún checo leyendo esto, jeje, verá que faltan símbolos en algunas letras ya que el alfabeto checo es bastante más complicado que el nuestro. Después de esta obviedad puedo seguir con su permiso (el de mis lectores checos se entiende).
Nuestro hotel estaba en Nové Mésto, o sea en la ciudad nueva, pero cuando dicen nueva se refieren a que Carlos IV la erigió como un semicírculo que circundaba la vieja, allá por el siglo XIV. Carlos IV y sus arquitectos ya la diseñaron con visión de futuro con avenidas amplias y espacios abiertos.
La zona ha sufrido numerosas transformaciones desde entonces pero se mantiene su trazado antiguo en cafés, teatros y tiendas. Casi todos sus edificios y monumentos son del siglo XIX y principios del XX.  Lo más representativo es por tanto los numerosos ejemplos de Art Nouveau.
Como es lógico nada más llegar al hotel y ver que estábamos relativamente cerca del casco histórico (en ese momento no sabíamos hasta qué punto) y viendo que la meteorología nos favorecía no dudamos en tirarnos a la calle.
Empezamos a callejear con idea de llegar al famoso puente de Carlos IV pero  sin preocuparnos por el cómo y el cuándo. Deleitándonos con cada fachada modernista llegamos al corazón de Nové Mésto, la Plaza Wenceslao (Václavské Náméstí), que va desde el Palacio Korina hasta la estatua ecuestre de San Wenceslao y el Museo Nacional.  Mercado de caballos en la Edad Media, hoy es el centro comercial de Praga con hoteles de cinco estrellas, museos, tiendas y joyas arquitectónicas como el Hotel Europa donde se puede tomar un café (o lo que se tercie) muy agradablemente y sin que te claven como a una anchoa. No dudéis en hacerlo.
Después de recargar baterías en la Plaza y totalmente ahítas de felicidad, jeje,  seguimos en dirección a Staré Mésto, la ciudad vieja.  Con forme nos íbamos acercando a la zona nuestro asombro iba en aumento, entre las fachadas, a cual más bonita; las tiendas de juguetes de madera con marionetas para todos los gustos; los puestos de los artistas callejeros; las tiendecitas de souvenirs; los músicos tocando en cada esquina; nos tenían totalmente extasiadas. Como estábamos tan ensimismadas con todo el ambiente en general no nos dimos cuenta de que habíamos llegado a la Plaza del Ayuntamiento. De repente atravesamos un pequeño arco y nos dimos de bruces con el reloj medieval que domina la torre del Ayuntamiento. El reloj que data de 1490 es junto con el puente de Carlos IV lo más característico de Praga.
Según la leyenda al maestro relojero que lo hizo lo dejaron ciego para que no pudiera hacer ninguna réplica. La esfera superior del reloj además de dar la hora conserva la concepción medieval del paso del Sol y de la Luna por las constelaciones del zodíaco, con Praga y la Tierra situadas en el centro del universo.
La esfera inferior representa el calendario con los signos del zodíaco y escenas de la vida en el campo que simbolizan los doce meses del año. 
Yo sabía que el reloj era muy famoso y un auténtico reclamo para las hordas de turistas que pululan por la plaza pero nunca me podía imaginar que me fuera a causar la impresión que me causó cuando lo vi por primera vez. Casi me da el síndrome de Stendhal que, por cierto, ya me dio cuando entré en la Mezquita de Córdoba y no pude dejar de llorar.
Estaba ahí en medio de la Plaza y no sabía para dónde mirar, porque daba igual para donde mirara todo me parecía precioso. Es realmente espectacular ver todo el conjunto de edificios, el monumento a Jan Hus; la Iglesia de Nuestra Señora de Tyn; la Iglesia de San Nicolás; la Casa del Minuto con sus símbolos alquímicos donde se supone que vivió Kafka de niño; el propio Ayuntamiento o el Palacio Golz-Kinsky.  Todo ello a la vez y yo ahí parada con la boca abierta. De verdad que es un auténtico espectáculo. Ni que decir tiene que a Mª Luisa le causó el mismo efecto. Por supuesto empezamos a hacer fotos como dos posesas y decidimos esperar hasta la hora en punto para ver el reloj en todo lo suyo.
Llegados a este punto tengo que decir que esto último nos decepcionó un poco porque estábamos tan alucinadas con toda la plaza en general y con el reloj en particular que es una virguería, que esperábamos que los autómatas y el resto de esculturas que lo forman hicieran más cosas. Y el caso es que está muy chulo, pero no sé por qué nos esperábamos más.
Ahora ya sabíamos que el Puente estaba muy cerca, era cuestión de seguir flipando por la maraña de callejuelas que forman la Ciudad Vieja hasta encontrárnoslo. 
Para cuando llegamos al Puente de Carlos IV, que como ya he dicho es el otro reclamo de la ciudad, debían de ser casi las ocho de la tarde y por supuesto estaba hasta los topes de turistas, artistas callejeros, músicos y demás viandantes.
No obstante la luz del atardecer lo cubría todo de una pátina dorada que hacía que los colores parecieran irreales. (¡Qué poético me ha quedado!) Ver el Moldava y todos esos edificios con esos colores era un espectáculo al que no estábamos dispuestas a renunciar a pesar de que el cansancio empezaba a pasarnos factura. Sin darnos cuenta habíamos estando deambulando casi cinco horas y además nos habíamos levantado a las 5 de la mañana para coger el avión. Urgía cenar algo y retirarnos al hotel dando por concluido un día absolutamente maravilloso y memorable.
El restaurante que elegimos totalmente al azar no pudo ser mejor. Nada más acabar de cruzar el puente entramos de lleno en Malá Strana (Ciudad Pequeña) que abarca desde el río hasta el Castillo. Torciendo a la izquierda y  colocándonos justo  debajo del puente vimos un café-restaurante que tenía una pinta de lo más coqueta, con terracita mirando al puente pero desde abajo. Dicho y hecho. El sitio se llama Café Márnice y la comida es típica checa y a muy buen precio.
No podíamos imaginar una mejor manera de acabar  una jornada perfecta y repleta de emociones. :)

Suzy



domingo, 23 de junio de 2013

UN CORTIJO EN NORUEGA

Hola de nuevo.Se nota que se me ha acabado la baja, hace siglos que no porto por aquí, jeje.
Afortunadamente han llegado las ansiadas vacaciones, de los alumnos, porque nosotros aún tenemos que rellenar dos o trescientos informes más antes de acabar el mes. Pero no voy a empezar a indignarme ya con los burócratas y demás calaña, no, hablemos de cosas más agradables.
Hace casi un mes ya que tuve un reencuentro de lo más gratificante. ¡Cómo mola encontrarse con gente con la que te llevabas bien y les habías perdido la pista y comprobar que han evolucionado como tú! Porque luego está la otra versión, la del reencuentro con gente con la te llevabas bien pero que en todos estos años han tirado por otros derroteros y ya no tienen nada que ver contigo. Eso sí que chirría, porque te dices a ti mismo:  pero ¿cómo podía yo andar con ese tipo o con esa petarda? Pero vamos, son cosas que pasan.
Volviendo al caso A (el de la gente que mola) y por obra y gracia del p... Facebook me he reencontrado con gente con la que hice la carrera y a la que más o menos tenía localizada, pero que no veía desde hacía muuuuuuucho. Organizamos una cena y compartimos una deliciosa velada en la maravillosa ciudad de Murcia en la que se sigue comiendo de muerte y donde la gente sabe muy bien cómo disfrutar de la vida.
Ni que decir tiene que hablamos como cotorras hasta que nos pusimos al día y nos quedamos nuevos después de la terapia de grupo.
Pero como ya he dicho lo mejor es enterarte de lo que han estado haciendo en todos estos años y ver cómo ahora que somos más sabios y más perros (conste que no he dicho viejos, porque seguimos estando estupendos) nos siguen emocionando y atrayendo las mismas cosas.
El único varón de la reunión, Miguel, se ha casado recientemente con un apuesto noruego al que conoció en Malaga. Por supuesto una historia así añade un elemento de lo más exótico. Ya no se trata de contar el típico mantra:  me casé, tuve dos hijos, ahora están en la ESO y estoy hasta las narices de los deberes.
No señor,  esto sí es digno de contarse. No diría yo que dé para una novela, pero de momento ya me está dando a mí para una entrada aquí ;)
Miguel siempre me ha parecido un ser humano maravilloso, es el hermano que todas querríamos tener, el compañero de fiesta perfecto o el confidente leal en quien siempre puedes confiar. Pero sobre todo es inocente y auténtico y en todos estos años no ha perdido esa inocencia. El talento de Ana y Mª José está más que reconocido, no voy yo a descubrir nada nuevo aquí, y por supuesto cada una a su manera siguen siendo increíblemente genuinas y fantásticas. Y para completar este genuina banda están mi amiga Eva, cuyo coraje y valentía además de su contagiosa alegría de vivir la han convertido en una tía incluso más grande de lo que la recordaba; y finalmente Ana Rosa, con la que no intimé tanto en la carrera pero con la que me he identificado en el minuto uno.  En definitiva, todos ellos forman un grupo de lo más variopinto pero al mismo tiempo de lo más interesante y al que me siento muy honrada de volver a pertenecer.
Gracias por acordaros de mí. Os quiero chicos.

Suzy

domingo, 12 de mayo de 2013

WHAT´S UP DOC? / ¿QUÉ HAY DE NUEVO VIEJO?

Hola buenas, que levante la mano el que esté de acuerdo con el tópico de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Venga, no os cortéis, no os van a llamar abuelo cebolleta, ¿o sí? Bueno, pues yo estoy super cebolleta porque conforme avanza la cosa estoy más retrógrada. Esto viene a colación del también consabido dicho:  "Nunca digas de este agua no beberé", porque yo he criticado hasta la saciedad el uso indiscriminado del  WhatsApp  hasta que finalmente he cedido (a punta de pistola, por supuesto) a la presión que ha ejercido la aldea global sobre mí para empezar a usarlo. Que si me estaba quedando en la prehistoria, que si qué antigua, que si cuándo te vas a modernizar etc, etc, etc. Y ahora tengo que aguantar las críticas de mi hija que se pasa el día restregándome que si me he convertido en una adicta al WhatsApp y estoy todo el día "enganchada". Cuando en realidad estoy haciendo un esfuerzo ímprobo por aclararme con el maldito teclado táctil del que había estado renegando todo este tiempo. Sí, ya sé que sueno de lo más casposo, pero no estoy sola en esta cruzada, me consta que hay mucha gente que sigue opinando que los móviles nos han complicado la vida casi más que nos la han allanado. Bueno, si estuviera poniendo esto en Facebook ya me habrían cosido a comentarios, y en Twitter sería trendy topic, jajaja.
Pero no me voy a cebar con las nuevas tecnologías, no, no voy a quejarme aquí de cómo Internet está acabando con todo lo que para mí era tan necesario como respirar. Por citar unos cuantos ejemplos: el cine; las salas de cine; los discos y  libros (físicos y tangibles); las librerías; las tiendas de música especializada... No me vale el Corte Inglés que te los vende al peso y donde los vendedores no tienen ni puta idea de música ni de literatura; tampoco me vale el homecinema por muy bien que se vea; no me vale el Ipod , que es verdad que se oye de muerte (donde esté un buen equipo de alta fidelidad); por supuesto no me vale el E-book, que no te lo pueden dedicar, no lo puedes oler, sobar...  Puedo ser incluso más punky todavía y reivindicar el vídeo antes que el maldito DVD y por supuesto el vinilo antes que el patético CD. Por no hablar de la fotografía, esa caca de fotografía digital comparada con la fotografía de antes, cuya calidad era infinitamente superior (y eso sí que no lo digo yo que no tengo ni idea, lo dicen los profesionales del gremio). Y un largo etcétera, pero como digo no toda la culpa la tiene Internet, en el caso del cine el gobierno se lo ha currado en serio para darle la puntilla definitiva a las salas comerciales subiendo el IVA de la manera tan escandalosa que lo ha hecho. Si pusieran las entradas a 4 euros en lugar de a 8, las salas se llenarían.  De hecho cada vez que se organiza alguna iniciativa que lleva consigo una bajada del precio de la entrada  la respuesta es masiva. Y lo mismo ocurre con el caso del teatro que ahora está intentando sobrevivir gracias a iniciativas particulares en casas o locales privados que están funcionando muy bien gracias al boca-oído y a que el precio de la entrada es mucho más razonable (véase La Casa de la Portera  en Madrid).
Vale, pues dicho todo esto y habiéndome desahogado sobre el exasperante  mundo de las "conversaciones" por WhatsApp me despido con un ejemplo de cómo una palabra normalilla como bonicos puede convertirse en otra mucho más inquietante como es homicidas ?¿ por obra y gracia del teclado táctil y sus endiabladas letras, haciendo totalmente imposible el entendimiento entre humanos.
¡Ah! y una cosa más, leed por favor el artículo del País Semanal del domingo pasado de Javier Marías, (no os apuréis, os pongo el enlace). Es buenísimo, juzgad vosotros mismos.
Intentad ser felices.

http://elpais.com/elpais/2013/05/01/eps/1367418677_481503.html

Suzy