jueves, 19 de agosto de 2010

LISBOA II

Sábado 10-7-10

El desayuno se sirve en uno de los salones más elegantes del hotel, una gozada. Tenemos una agenda muy apretada. Queremos empezar visitando la Catedral, de ahí, subir al Castelo de Sao Jorge (origen de Lisboa), desde donde se contemplan unas hermosísimas vistas y por la tarde ir a Belem para visitar la Torre y el Monasterio de los Jerónimos.
La Catedral tiene poco que ver, de origen románico, ha sufrido bastante con los terremotos y en la actualidad es una mezcla de varios estilos. Seguimos subiendo hasta el Castillo que está en la Alfama o barrio árabe. En su origen fue la residencia de los reyes de Portugal tras la Reconquista. Por supuesto también se pueden observar los efectos del terremoto en las murallas restauradas. Efectivamente, las vistas que se contemplan desde allí son bellísimas. Es bastante curioso pasear por las almenas y las murallas y comprobar lo complicado que debía ser hacerlo en plena época medieval cargados con espadas, armaduras etc.
El barrio intramuros de Santa Cruz es muy pintoresco y resulta muy agradable pasear por sus calles estrechas.
A las 12 y pico ya hemos bajado a Praça do Comércio para coger un tranvía a Belem. Como vemos que no llegan y la temperatura va subiendo, optamos por coger un taxi que en Portugal están tirados de precio y además van como locos. Dicho y hecho, nos plantamos allí en un pis pas y visitamos la Torre. La vista del Puente del 25 de Abril desde el otro lado del Tajo es impresionante. La Torre es el símbolo por excelencia de la edad de oro portuguesa, servía de punto de embarque para los navegantes que se aventuraban a descubrir nuevas rutas. Levantada por Manuel I representa junto con el Mosterio de los Jerónimos el esplendor del gótico manuelino, el gótico nacional portugués, en todo su apogeo.
Actualmente Belem es tan sólo una extensión de Lisboa, un barrio normal con sus comercios, restaurantes etc. Antiguamente sin embargo, los monjes tenían acceso directo al río para ver los barcos, pero hoy en día el Tajo se ha alejado bastante.
La visita a la torre es cortita, se ve en seguida y nos da tiempo a ver el monasterio antes de comer. No obstante a estas alturas del día el calor está apretando, así que a la primera oportunidad cojemos otro taxi que nos deja en la puerta del mismo.
Ahora si que entendemos lo del "gótico manuelino en todo su esplendor", ¡qué maravilla!
Se levantó tras el regreso de Vasco de Gama, al parecer gracias al "dinero de la pimienta" que era como se denominaba al impuesto sobre las especias, el oro y las piedras preciosas. El claustro junto con la Iglesia de Santa Maria son imprescindibles y bellisímos. En el panteón están enterrados hombres ilustres como Fernando Pessoa, el propio Vasco de Gama y algunos reyes como Manuel I. Es realmente precioso.
Después de contemplar tanta belleza nos ha entrado un hambre...vamos a intentar digerir todo lo que hemos visto, a ser posible en el mismo Belem, para volver a Lisboa satisfechos y exhaustos. Y una vez más ¡bingo! El sitio no puedes ser más perfecto, comida casera de verdad, vamos, el nombre lo dice todo: Restaurante Caseiro y eso es justamente. Probamos el famoso bacalao dorado o al estilo del chef, que es uno de los platos más típicos de Portugal y nos supo a gloria.
Después del descanso merecidísimo, nos dimos un paseo por la Avenida Liberdade y llegamos hasta el monumento al Marqués de Pombal. Este mandó que la avenida estuviera inspirada en los Campos Eíiseos parisinos, y bueno, inspirada en ellos sí, pero no tanto. A mi me recordó una vez más a Barcelona y más concretamente a Paseo de Gracia. Eso sí muy agradable para pasear.
Otro día redondito,jeje, ;)
Suzy


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