miércoles, 2 de marzo de 2016

VENECIA, 15 de febrero de 2016

Dejamos Verona con su atmósfera brumosa y llegamos a Treviso donde estaba nuestro hotel (de cuatro estrellas) y donde pudimos por fin descansar, pues llevábamos dando tumbos desde el sábado por la noche.
Al día siguiente, 15 de febrero, nuestro chófer, Antonio, nos tenía que llevar a coger el vaporetto para pasar el día entero en Venecia. Esta vez no teníamos visita guiada. Los alumnos estuvieron con nosotros durante un rato, el tiempo de explicarles lo que debían ver y después les dejamos tiempo libre hasta la tarde que debíamos volver al vaporetto para salir hacia Florencia.
El vaporetto, el Orient Express según nuestra intérprete de italiano (Leticia), se retrasó un poco. Luego resultó que era el Tourin Express y puede que no lo encontráramos por eso. Cosas que pasan. El retraso dio para que nos hiciéramos dos o tres mil fotos en el pantalán, aprovechando que la luz era increíble.
La llegada a Venecia atravesando el Gran Canal siempre es espectacular. Yo siempre he ido en invierno y entre la niebla y esa luz tan especial que tiene, me parece algo mágico. Venecia entera es como un decorado de película. No parece real. En los días claros se pueden ver parte de las 118 islas esparcidas por la laguna y los 150 canales en que se divide la ciudad.
Así que cuando bajas del vaporetto y te encuentras con esas señoras vestidas de época con sus máscaras de carnaval, te crees que te vas a encontrar con el mismísimo Giacomo Casanova.
La primera parada obligada es el inevitable Puente de los Suspiros. Puente del siglo XVIII que une el Palacio Ducal con la antigua prisión de la Inquisición, Piombi. Se le llama de los Suspiros porque los condenados suspiraban al pasar a la prisión, ya que no volverían a ver Venecia.
En seguida llegamos al Palacio Ducal, de estilo gótico, erigido entre los siglos X y XI, que ha sido desde residencia ducal, a sede del gobierno, de la corte de justicia y prisión de la República de Venecia.
La Basílica de San Marcos, principal templo católico de Venecia y obra maestra del arte bizantino, se encuentra junto al Palacio Ducal. Se comenzó a edificar para albergar los restos del apóstol San Marcos traídos desde Alejandría en el siglo IX. La fachada principal con sus mosaicos dorados y sus columnas de mármol de colores es realmente un espectáculo. Así mismo se puede ver el famoso Campanille que preside la Plaza de San Marcos convirtiendo el conjunto en una de las plazas más bellas del mundo. Napoleón solía decir que era "el mejor salón de Europa".
Visitamos la basílica por dentro (la entrada es gratuita) aprovechando el hueco de la hora de comer que no había mucha cola. Ni que decir tiene que el interior es de visita obligada para entender mejor lo que se está viendo. Se puede subir a la terraza para disfrutar de las vistas por el módico precio de 5€. Otra opción es subir al Campanille, sobre todo al atardecer.
Después de eso nos quedaba tiempo para dar un paseo en góndola y comer tranquilamente. De las tres veces que he estado en Venecia, ésta ha sido la primera vez que he montado en góndola. El paseo pequeño de una media hora cuesta 80€, que se puede dividir entre 6 personas, el máximo permitido por góndola. El viaje largo son 100€ y  por supuesto,  te llevan a ver la casa de Marco Polo, la de Giacomo Casanova y demás ilustres venecianos. Pero, entre que ese viaje dura una hora y encima es más caro, nos conformamos con el viaje de 80€ y disfrutamos cada segundo. Dos de nuestros alumnos, Cefe y Encarni, nos ayudaron a  completar los seis pasajeros que necesitábamos para el viaje. Por cierto que al ir a pagar nos hicimos un lío entre nosotros  y nos fuimos sin pagar al gondolero. Pero no llegamos muy lejos, pues en seguida vino a buscarnos para cobrar. Ahí queda como anécdota.
Ver Venecia en góndola es otra experiencia. Ver la decadencia de sus canales, la ropa tendida, las huellas del agua en sus edificios, los hoteles, las callejuelas estrechas...una vez más, es algo mágico.
Después de comer en un restaurante típico de manual, aún nos quedó tiempo para hacer acopio de souvenirs. Los alumnos mientras tanto habían comido, paseado en góndola y comprado todas las sudaderas disponibles de la Universitá de Venezia.
A la hora convenida nos dirigimos al muelle para coger el vaporetto de vuelta. Para entonces la lluvia había vuelto a hacer acto de presencia y la temperatura era cada vez más gélida. Nos despedimos de Venecia con esa luz y esa atmósfera tan cinematográfica que la caracteriza y la convierte en una ciudad muy muy especial.
Suzy

1 comentario:

  1. Otro viaje más de la mano de Suzy. Otra experiencia más a la mochila.
    Mejor para ti.

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