martes, 1 de marzo de 2016

VERONA, 14 de febrero de 2016

Visitar Verona en San Valentín (San Valentino en intaliano) tiene 'valor añadido'. Si por algo es famosa esta ciudad, además de porque es preciosa, es por Shakespeare y la tragedia romántica por excelencia  'Romeo y Julieta'. Podríamos decir que gracias al Bardo se ha autoproclamado como "capital del amor". Y sin duda el 14 de febrero está rebosante de amor. La ciudad entera se engalana para agasajar a los amantes y estos pululan por sus calles a sus anchas. Hay corazones decorando cada farola y cada plaza. Definitivamente no es apta para los ateos amorosos. Coincidiendo con la famosa efeméride se celebra una maratón que atraviesa incluso el Anfiteatro Romano, la Arena, que data del siglo I a.c. Verona también debe su fama a los festivales de ópera que se celebran precisamente en la Arena. Mi amiga María Luisa, lleva años intentando conseguir entradas para ver alguna ópera en semejante escenario, pero no hay manera. Como digo es famosísimo. Mi tío Juan Diego, con el que visité Italia en las dos ocasiones anteriores, sin embargo,  sí consiguió ver Aida (la de Verdi, no la del Luisma) en La Arena, pero eso fue hace muchos años.
Nuestra visita empezó bajo la lluvia pero conforme nos fuimos acercando a las murallas medievales ésta nos dio una tregua. De ese modo el guía nos explicó que la ciudad pertenece a la región del Veneto, que está rodeada de colinas y que la atraviesa el río Adigio. Las murallas son del siglo XIII, de cuando las primeras ciudades estado. Y una vez más nos asaltó nuestro amigo Shakespeare, pues desde esas murallas es desde donde Romeo recita su famosa estrofa: "Nada hay fuera de las murallas de Verona",  al ser desterrado a Mantua:
                                  There is no world without Verona walls. 
                                  But purgatory, torture, hell itself.
                                  Hence "banishèd" is banished from the world. 
                                  And world's exile is death....
                                        (Act 3, scene 3) 

Atravesando las murallas llegamos a la Arena, que se puede visitar por el ridículo precio de 1€. Ir a Verona y no visitar este maravilloso anfiteatro romano es un pecado capital. Su estado de conservación es magnífico y las vistas de la Piazza  Bra desde la summa cavea merecen mucho la pena. En 1117 hubo un terremoto muy potente que tuvo su epicentro en Verona y destruyó casi todo el muro exterior del anfiteatro.
Tras la visita a la Arena, nuestro guía nos hizo un recorrido por las plazas más representativas de la ciudad, que como ya he dicho estaba a rebosar, a pesar de las bajas temperaturas y la lluvia. Entre la maratón y la explosión amorosa por San Valentino no cabía un alfiler. No me la quiero imaginar en pleno agosto.
Nos encantó la Piazza de la Signoria con sus bonitos edificios renacentistas como el Palacio del Ayuntamiento. Pero sobre todo la Piazza delle Erbe, levantada sobre el antiguo foro romano y llamada así por albergar un antiguo mercado de especias, con preciosos edificios en los que aún se pueden ver los frescos que decoraban las fachadas.
De ahí llegamos al punto álgido de la visita, esto es, la Casa de Julieta. Entre Shakespeare y la película 'Cartas a Julieta' no se puede uno ni acercar. Y eso que la visita a la casa cuesta 6€. Hay que atrevesar un pequeño túnel, más bien un pasadizo,  que está absolutamente repleto de grafitis con todos los 'corazones' de todos los enamorados que han visitado la casa o al menos han visto el balcón y le han tocado los pechos a la estatua de bronce de Julieta. Pues como digo, intentar hacer eso el día de San Valentín tiene su riesgo, riesgo de morir aplastado. Pero por supuesto, lo conseguimos y una vez cumplimos con la tradición pudimos dejar a los chicos que se "perdieran" por Verona y comieran por su cuenta. Ocasión que aprovechamos a su vez nosotros cuatro para disfrutar un poco de la ciudad y de paso comer para reponer fuerzas. Encontramos un restaurante muy chulo justo antes de llegar a la Piazza delle Erbe y hasta nos dio tiempo a tomarnos un capuccino en un café de lo más pijo. Para entonces la lluvia había dado por terminada su tregua y nos despedimos de Verona en una atmósfera de lo más romántica. Como dije al empezar a hacer la crónica del viaje, Verona ha sido un gran descubrimiento y se merece que la vuelva a visitar, dedicándole más tiempo.
Aquí tenéis una selección de las muchas fotos que hice, espero que os gusten.
Suzy


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